Crónica de viaje a Florida en familia

¿Porqué decidimos viaja a Florida?

Hace un año aproximadamente, pensando en la forma de celebrar mi 50 aniversario, me imaginé un año lleno de viajes… Planificar viajes es una de las cosas que más me motivan y me ilusionan en esta vida. Si no tengo un viaje en perspectiva, no importa si a un sitio lejano o cercano, me deprimo…

 

Pensé que el viaje ideal para hacer con mi mini familia, es decir, mi mujer y mis dos hijos (de 13 y 10 años) podía ser Florida, en Estados Unidos. Es un destino que ya conocía, viajé allí con mi hermano Alex en el 2015 y me pareció muy divertido para ir con niños, ya que tiene muchas cosas para hacer y ver, así que se lo comenté a mis hijos y se ilusionaron mucho. Desde entonces, ha sido un continuo “Papá, cuanto falta para que nos vayamos?!”. Ha sido un viaje muy esperado por toda la familia, cada uno con sus motivaciones, pero con muchas ganas de llevarlo a cabo por parte de todos. Eso me gusta porque forma parte ya de la memoria familiar, es un recuerdo para toda la vida y mis hijos se acordarán cuando sean mayores…

 

Cuando empecé a pensar en el programa de viaje a Florida, quise combinar cosas para hacer y ver que gustasen tanto a pequeños como a mayores. Me negaba a que fuera un viaje solo de “parques de atracciones”, me horrorizan!, al fin y al cabo, yo era el homenajeado, no? Y el que pagó el viaje!, así que puse mis condiciones y reduje los días de parques al mínimo. Al final, creo que hicimos una combinación perfecta entre actividades para niños y actividades para mayores.

 

Me tranquilizaba mucho también el hecho de viajar a Estados Unidos, un país en el que puedes coger tu coche y conducir tranquilamente, con total autonomía y tener tu propia “aventura self-drive”. Al pensar en un destino para viajar con niños, descarté todo lo que fuera potencialmente peligroso, como países inestables o con riesgo de malaria, etc. Estados Unidos, a pesar de tener sus peligros, como en todas partes, es un país de primer mundo, donde todo funciona bien. Siempre que he viajado a Estados Unidos, y ya llevo varios viajes; Costa Oeste EEUU, Nueva York, Estados del Sur USA, me he divertido mucho y todo ha funcionado perfectamente. Me gusta el “american way of life”, soy muy fan de los Estados Unidos y quería que mis hijos hicieran un primer viaje en familia a ese gran país.

 

Revisamos los pasaportes para que tuvieran un mínimo de 6 meses de validez desde el momento de entrada a Estados Unidos, tramité la autorización online (ESTA) y revisé también mi carnet de conducir para que estuviera en vigor durante todo el viaje. Me fui a Altaïr a comprar alguna guía y algún Atlas de carreteras de Florida, me hice mi dossier de viaje y un seguro con amplia cobertura médica, ya se sabe que en Estados Unidos todo lo que tiene que ver con la sanidad es carísimo, así que conviene ir bien cubiertos en este sentido.

Link de Google Maps: https://bit.ly/2RnuWM0

Día 1. Vuelo internacional y llegada a Miami

El día de hoy se planteaba duro… Nuestro vuelo salió desde Barcelona a las 06:40 de la mañana rumbo a Lisboa. En la capital lusitana teníamos que hacer una escala de 3 horas. Estuvimos por el aeropuerto medio dormidos, desayunando varias veces y pendientes de la hora constantemente. Por fin nos embarcamos en el vuelo intercontinental de la Tap rumbo a Miami. El vuelo fue agradable y cómodo. Los niños con sus Ipads y su ordenador de a bordo, viendo películas y echando sueñecitos. Pili leyendo en su E-book y yo devorando también películas, no puedo leer en los vuelos, no me llego a concentrar… Una de las películas que ví fue “Rocketman”, el “biopic” de Elton John. Me gustó… y es que la música de este rock-star es increíble!.

 

Llegamos a Miami sobre las 15:00, el cielo, como es habitual en estas latitudes, estaba muy nublado, la meteorología parecía inestable.

Al salir del avión, las niñas quisieron ir “un momento” al lavabo… se nos adelantó todo el avión (unas 400 personas) para hacer el trámite de inmigración, así que estuvimos como una hora y media de cola… finalmente hicimos todo lo que la policía nos ordenó y nos autorizaron la entrada a los Estados Unidos sin más problemas.

 

Cogimos las maletas y nos dirigimos rápidamente a la terminal de “Rental Cars” mediante un trenecito que conexiona la terminal de pasajeros y la de alquiler de coches. Llegamos al mostrador de Alamo y otra cola!. Nos armamos de paciencia, al fin y al cabo, hoy era un día de trámites, no teníamos mucha cosa más que hacer. Finalmente nos tocó a nosotros, nos atendió un tipo que hablaba español, así que nos entendimos bien. Le pedimos que no nos incluyera ningún seguro extra, ya llevábamos uno de “reembolso de franquicia total” y un seguro médico que nos cubría accidentes, así que no queríamos nada extra. Revisamos bien el contrato que tuvimos que firmar y nos entregó las llaves.

 

Fuimos a recoger el coche a uno de los parkings del aeropuerto y pudimos escoger entre varias mono volúmenes que había por allí aparcadas. Escogimos una “Dodge Grand Caravan”. Para esta primera parte del viaje quise reservar un coche cómodo y amplio, se que a mis hijos les gustan los coches grandes y hacer sus “nidos”, así que este modelo era éxito asegurado.

Era automático, como la gran mayoría de los coches de alquiler en Estados Unidos. Un sistema al que te acostumbras en seguida, fácil y práctico. Ya había conducido este tipo de coches en mis anteriores viajes por Estados Unidos, aunque mi hermano Alex suele ser mi chófer particular…

 

Revisamos el coche y lo llenamos de maletas. Pusimos la dirección del hotel en el gps y todo listo!, ahora solo faltaba saber cómo diablos se ponía en marcha… y como se encendían las luces, y como se ponía el freno de mano… madre mía, que provincianos nos sentíamos, como si fuera la primera vez que cogíamos un coche… finalmente, con mucha paciencia y sin alteraciones, lo descubrimos todo y pudimos salir del aeropuerto.

Para esta primera estancia en Miami había reservado el hotel en la zona de Miami South Beach y el gps nos llevó por la calle 8, que atraviesa Little Havanna, un barrio cubano 100%, donde puedes encontrar restaurantes cubanos; vimos el Versalles, uno de los clásicos, La Carreta, El Exquisito, El Cristo… Ya estaba anocheciéndo pero aún se veía mucho ambiente por la calle. Pasamos por el Domino Park, donde los mayores juegan al dominó y vimos las típicas tiendas de puros cubanas. Aquí todos los rótulos de las tiendas están en español. Si no tuvieras ni idea de hablar inglés, aquí en Miami no tendrías ningún problema. Nos comentó una taxista que cogimos uno de estos días por aquí, que el 80% de la población de la ciudad de Miami es hispana y obviamente habla español. El otro 20% son angloamericanos y muchos de ellos hablan o entienden el español. En esta ocasión, como ya era tarde y se estaba haciendo oscuro, no paramos en este barrio.

 

Al fin llegamos a nuestro hotel, dulce hotel… Había reservado en el Hotel Kimpton Angler’s, un alojamiento bien situado, a 1 cuadra del paseo marítimo y con piscina, imprescindible para mis hijos y para mí… Nos gustó el hotel. La cadena Kimpton tiene muchos hoteles en Estados Unidos y tiene un estilo muy “cool”. La decoración es una mezcla entre exótica y moderna, un poco retro, y utiliza mobiliario y estampados típicos de la ciudad donde se ubica el hotel. Nos acomodamos en la habitación. Teníamos 2 camas grandes de matrimonio. En Estados Unidos es típico utilizar una habitación con dos camas de matrimonio como triples o cuádruples.

 

Nos relajamos un poco, Maxi se quedó frito, no en vano llevábamos muchas horas de trote y nos habíamos levantado muy temprano, sin embargo yo les dije que lo mejor para combatir el “jet lag” era adaptarse cuanto antes el nuevo horario. A Lucía no le costó nada, es muy trasnochadora ella, pero quería ver como lo llevaba en días posteriores… Al final, para poder aguantar, dijimos de ir a dar una vuelta por Ocean Drive, ver el ambiente y cenar algo. Así lo hicimos, pero justo cuando salíamos se puso a llover. Cogimos unos paraguas del hotel y nos dimos una vuelta. La lluvia vino acompañada de viento, así que nos quedamos chopos… pensamos que no era buena idea alargar el paseo, así que nos metimos en un Friday’s a cenar.

 

La carta del Friday’s, como la de muchos restaurantes de Estados Unidos, no es muy variada; alitas de pollo, hamburguesas de muy variados gustos, con patatas, ensalada cesar, costillas, etc. Todo regado con un buen refresco “refill”, es decir, que te lo rellenan cuantas veces pidas. Al finalizar la cena pedimos la cuenta y nos encontramos con el momento “propina”. ¿viene ya la propina incluida en la factura?, ¿Cuánto dejamos?, ¿no dejamos?... Esto de la propina, los españoles, desde que nos ponemos la gasolina nosotros mismos, ya casi no lo ponemos en práctica. En Estados Unidos, sin embargo, es una práctica muy arraigada, de hecho, para muchos camareros y gente que trabaja en el sector servicios, la propina es una parte importante de su sueldo… y digo yo, que suerte tienen los empresarios americanos con este sistema, no?

 

Al final, el camarero, un tipo grande vestido todo de negro, con bermudas y bambas, nos trajo la factura con la propina del 18% incluida. En otras ocasiones, generalmente cuando viajo con Alex, pedimos que nos traigan la factura sin la propina incluida. Esto se puede pedir y normalmente lo hacen. En esta ocasión, como estábamos cansados y tampoco quería líos el primer día, decidí pagar ese pedazo de propina… Por cierto, en mi primer pago con la tarjeta Revolut no me funcionó. Luego en el hotel ví que aún la tenía bloqueada, la desbloqueé y ya me funcionó perfectamente durante el resto del viaje.

 

Ese día nos fuimos a dormir destrozados… habíamos iniciado nuestro viaje por Florida y ya estábamos “on fire” en los Estados Unidos!

Día 2. ¿Qué ver en Miami Beach?

Hoy nos despertamos con un día soleado, ¿cómo no va a haber sol en Miami?. Uno de los centros turísticos más importantes de todo América?. El Estado de Florida es similar a España, tiene una media de días de sol muy elevada (la más elevada del país) y las temperaturas son suaves en invierno y calurosas en verano, así que muchos jubilados con ahorros se trasladan a este estado para disfrutar de esas condiciones los años de vida que les restan. ¿No hacen lo mismo alemanes e ingleses en Canarias o Baleares?. Sin embargo, Florida recibe también, según el año, muchas tempestades y huracanes entre septiembre y octubre, así que no todo son buenas noticias para este Estado…

 

¿Qué hay que ver en Miami Beach?. Hoy habíamos pensado ir a pasear por el Art District y la playa de South Beach, sin prisas, disfrutando del ambiente. Nos arreglamos y salimos del hotel sin desayunar. En Estados Unidos, por norma general no está el desayuno incluido al reservar un hotel. Si lo quieres, puedes tomarlo, pero se ha de pagar directamente en el hotel. Estuvimos mirando el precio, pero decidimos comprar algo en un Walgreens que teníamos muy cerca del hotel y desayunar viendo la playa, además, los niños estaban como locos por ver un supermercado americano y probar sus “porquerías”.

 

Walgreens es una de las decenas de supermercados que hay en Estados Unidos. Esta empresa tiene varios tipos de locales, pequeños, de proximidad, medianos y macro supermercados. Este al que entramos era pequeño, de proximidad, pero estaba muy bien surtido.

La entrada al super fue, para los niños, como si entraran en un parque de atracciones, entraron corriendo y enseñándome todo lo que les parecía curioso y novedoso; Refrescos de todos los sabores y colores, cereales de todo tipo y formas, chocolatinas de todos los gustos y tamaños, en fin, una locura de productos que no tenemos en España… Los hubiésemos probado todos, pero nos quedaba todo el viaje por delante y es importante, durante un viaje a Estados Unidos, dosificarse en cuanto al consumo de “mierdecillas varias”, por aquello del azúcar y las grasas saturadas. Nos compramos algunas cosas para desayunar, yo no pude resistirme a los donuts Krispy Kreme, son muy industriales, pero son deliciosos…

 

Con nuestro picnic nos dirigimos al paseo marítimo, muy cercano, creo que eran 2 cuadras y allí, en un murito, desayunamos con vistas a la playa y el mar. Ya empezamos a ver gente corriendo, “runners” por allí. Una vez terminado nuestro desayuno portátil, nos pusimos en marcha para recorrer todo Ocean Drive, la célebre calle donde se encuentran los hoteles de estilo “art deco”.

 

Esta calle es una de las imágenes más célebres de Miami, aquí se han filmado infinidad de películas, series y anuncios, entre ellos; “El precio del poder” de Al Pacino, la mítica “Miami Vice” con Don Johnson, “Ace Ventura: Detective de mascotas” con Jim Carrey… Me pareció ver por aquí, también la cabellera pelirroja de “H” (Horacio) de CSI Miami…

Entre los hoteles art deco y la playa se sitúa Lummus Park, un espacio con zonas para hacer deporte; canchas de basket, de volei playa, gimnasios al aire libre, algunas pequeñas dunas, algo de vegetación y muchas palmeras tropicales. Es por aquí por donde la gente hace ejercicio. Vimos un grupo de jóvenes multirracial haciendo pesas y ejercicios gimnásticos, por supuesto, sin camiseta, mostrando sus pectorales y abdominales, a cual más cachas… era la imagen típica de las playas de miami. Yo quise hacer un poco de pesas también, pero mis hijos me lo impidieron, me decían que, si me quitaba la camiseta, iban a desaparecer… que poca autoestima tienen estos niños de hoy en día…

 

En la época de los años 10, Miami no era más que una isla estrecha y alargada, con mucho manglar y un banco de arena. Un visionario empezó construyendo un hotel y coincidió con el boom del turismo en Estados Unidos. Las empresas empezaron a remunerar las vacaciones y la gente empezó a viajar. Miami tuvo una explosión de construcción, era un lugar ideal para la gente que buscaba buen clima. Es entonces cuando se construyeron todos los hoteles de estilo art decó que podemos ver, aún hoy, en funcionamiento, en Ocean’s Drive y Collins Avenue.

 

Durante nuestro paseo por Ocean’s Drive pudimos ver todos estos hoteles art decó, un estilo que me gusta mucho, de líneas rectas y limpias, con pocos artificios, muy elegante. Casi todos estos hoteles son blancos con alguna cenefa de color pastel; azul, naranja, rojo o amarillo. Y no son muy grandes, hoy en día podríamos decir que son pequeños hotelitos.

 

Vimos todos los establecimientos que están en primera línea, todos preciosos y en general bien conservados; el Bentley, The Fritz, Barbizon, Beach Park Hotel, Majestic, Avalon, Beacon Hotel, Colony Hotel, Boulevard Hotel, Starlite Hotel, Shore Park Hotel, The Pelican, Room Mate Waldorf Tower Hotel, Breakwater, Edison, Congress Hotel, Bon Air, la mansión de Versace, Victor Hotel, The Tides, Leslie, The Carlyle, Cardozo Hotel, Cavalier, Netherland, Winter Haven, Penguin Hotel, Crescent, MC Alpin, Ocean Plaza, Betsy Hotel, Drake, etc.

 

Otra de las cosas que llaman la atención por aquí, el South Beach de Miami, es la alta densidad de “beautiful people” y sus cochazos. Esto un desfile de mujeres y hombres impecables, sexys, con cuerpazo y pelazo paseando en sus descapotables, Ferraris, Bentleys, Porsche, Jaguar, etc. Obviamente también circula por aquí gente normal, turistas como nosotros e incluso algunos de calcetín y chancla… Miami es una amalgama de gente, una ciudad multirracial donde predominan los latinos. Miami se ha convertido en el gran centro cultural y económico del Caribe hispanoparlante.

 

Miami es una ciudad compuesta por múltiples barrios, todos ellos muy diferenciados. Los más conocidos son; el downtown, caracterizado por los rascacielos de las multinacionales financieras y los apartamentos para gente adinerada. Coconut Grove y Coral Gables, son zonas residenciales de lujo. Key Biscayne, una isla unida a tierra mediante un puente, ahí se encuentra el famoso club de tenis de Crandon Park, donde se disputaba hasta hace poco el Open de Miami. Tiene también una magnifica playa y apartamentos para el turismo, en general, nacional. Y el barrio de Miami South Beach, que es la “joya de la corona” para una ciudad orientada al turismo.

 

Nuestro paseo transcurría por entre atletas callejeros, edificios de “art decó”, llamativos “muscle cars”, sexys y esculturales jóvenes de ambos sexos, una brisa marina que lo impregnaba todo y un sol de justicia.

 

Llegamos al final de Ocean’s Drive y nos detuvimos en un Starbucks a tomarnos un batido de fresa bien fresquito mientras descansábamos en la terracita. Mi hija comentó que le parecía estar inmersa en una de sus series de adolescente de Netflix.

Continuamos por Collin’s Avenue, me interesaba mucho ver la situación de los hoteles que habitualmente utilizo para los viajes que organizo por aquí. A partir de 15th St, cuando se termina Lummus Park, empieza una sucesión de hoteles más modernos que los de Ocean Drive. Son hoteles mucho más grandes, algunos se podrían considerar rascacielos, y casi todos tienen salida directa a la playa.

 

Lo primero que vimos al doblar la esquina fue nuestro “muscle car” favorito, allí aparcado, un Lamborghini negro espectacular. A mi hijo y a mi nos encanta esta marca, somos muy fans. Se trataba de una empresa de alquiler de coches de lujo!. Por un momento pensé en marcarme el puntazo, pero mi enanito interior de la cordura me riñó y tan solo nos hicimos alguna foto con este magnífico ejemplar…

 

Por aquí están los hoteles; Royal Palm, Loews, ambos de estilo “art decó”, The Ritz Carlton, Sagamore, The National, el Delano, Kimpton Surfcomber, The Social Club, Shelburne South Beach, Nautilus, etc. Nos dimos la vuelta a esta altura porque ya estábamos un poco cansados.

 

Durante este tramo, nos metimos en varios hoteles para cotillear, uno de ellos fue The National, un clásico que aún conserva un aire muy “retro”, con los salones estilo años 50, con fotos de personajes históricos que se habían alojado en el establecimiento, un bonito bar de madera donde se sirven cocktails y sobre todo, lo que más me apetecía ver, la famosa piscina alargada tan característica de muchos de los hoteles de Miami Beach. Me encantan las piscinas, me dan mucha paz y me relajan mucho, así que no pierdo la oportunidad de ver y si es posible, probar una piscina. En esta ocasión, solo pudimos visitarla e imaginarnos sus bondades. Nos hubiéramos podido bañar tranquilamente, éramos unos turistas más allí, pero no llevábamos toallas y nos dio pereza… La piscina del National es de forma rectangular, con 62,4 metros de largo (la más larga de Miami Beach), no muy profunda, 1,70 metros como mucho, rodeada de palmeras y tumbonas. Desde un extremo, si se mira hacia el hotel, se ve toda la piscina alargada con la fachada rosácea de estilo “art decó” al fondo… una imagen que me encanta. Me gustó mucho conocer este hotel, me transportó en el tiempo y me imaginé como debió ser Miami hace 70 años…

 

Otro de los hoteles que cotilleamos fue Kimpton Surfcomber, de la misma cadena que el que estábamos alojados nosotros. Este hotel también está bastante bien situado. El estilo es muy ecléctico, mezclan decoración tropical con vintage y con temática surfera. La mezcla es divertida y me parece original. En los jardines hay mobiliario de colores muy vivos, también vintage y la piscina es más bien pequeña, pero como tiene salida directa a la playa, no importa mucho.

Nuestro regreso al punto de partida lo hicimos por la playa. El día estaba siendo muy soleado, pero las nubes se movían con rapidez y no muy al fondo había nubarrones amenazantes.

 

La playa de Miami South Beach es inmensa, con una anchura entre el mar y los hoteles de unos 300 metros bien, bien. La arena en blanquecina, sin ser coralina, el blanco es bastante aceptable. Y el mar, es de un color verde pastel, mezclado con algunas tonalidades azules. Es bastante bonita, la verdad. Para ser una playa Atlántica, resulta exótica y apetecible.

 

Al salir de los hoteles hay unos metros en los que la arena está muy compactada. Por ahí pasea la gente o se desplazan de una zona a otra de la playa, se puede caminar cómodamente por aquí. También transitan algunos vehículos que dan servicio a la playa.

Ya en la arena, vemos que cada hotel tiene montada, justo delante de cada establecimiento, su zona particular “beach zone” para sus clientes, con butacas, sombrillas, toallas, un chiringuito e incluso una zona de juegos para los niños.

 

También podemos ver las famosas casetas de los socorristas o “Baywatchers”. Contamos, a lo largo de la playa del South Beach unas 8 casetas. Todas diferentes, en forma, color y estructura, pero todas preciosas y divertidas. En estas casetas se sitúan los vigilantes de la playa, todos y todas guapísimas y con cuerpazo, claro. También se puede ver en las casetas las banderas que informan sobre el estado de la mar y si es o no recomendable el baño. Ese día ondeaba la bandera roja “High Hazard” y violeta “Dangerous Marine Life”, es decir, peligro alto por las resacas y fuertes corrientes por un lado y por otro, vida marina peligrosa merodeando por allí… madre mía! Cualquiera se bañaba con esas predicciones… desde luego, mi hijo se quedó impactado con lo de “vida marina peligrosa”, ya se imaginaba todos los tiburones que le estaban esperando para morderle, solo poner un pie en el agua… Quise preguntar a un vigilante qué tipo de vida marina peligrosa había por allí y me comentó que, desde luego, tiburones, pero estos estaban lejos y a más profundidad, así que no era lo más preocupante. Los bichos más molestos son principalmente las medusas. Nos quedamos todos un poco más tranquilos…

 

El mar estaba movidito y no apetecía demasiado un baño. La única que se bañó fue Lucia. Es como una sirenita, adora el mar y no desperdicia ocasión para remojarse.

 

Los vigilantes de la playa eran implacables con aquel que se alejaba más de 10 metros de la playa. Primero le avisaban con un pito, si no hacía caso, entonces cogían un megáfono y le reñían para que regresara más cerca de la costa… Vimos también varios socorristas salir derrapando con su quad, supongo que en auxilio de alguna llamada. Ciertamente, la playa de South Beach es como un escenario gigante de una película, la película de la vida.

 

Mientras estábamos caminando por la playa se puso a llover y corrimos al cobijo de una de estas casetas de socorrista. La lluvia duró muy poco, un cuarto de hora como mucho. La meteorología era muy inestable y ya llevábamos unas horas caminando. Nuestros cuerpos empezaban a acusar el “jetlag” y decidimos ir a nuestro hotel a hacer una siestecita.

 

Antes de llegar al hotel pasamos de nuevo por el Walgreens y compramos algunas provisiones para los días venideros; una caja de 12 latas de Dr. Pepper, mi refresco favorito, coockies, caramelitos varios, agua, etc.

 

En este link podeis encontrar toda la oferta de excursiones en Miami

Esa tarde dormimos todos un poco de siesta, nos sentó fenomenal y luego nos fuimos a la piscina de nuestro hotel, situada en la azotea. Una piscinita maravillosa donde estuvimos bañándonos largo rato y tomando el sol. La temperatura, a pesar de ser finales de diciembre, era fenomenal. Aquí, en estas latitudes, la temperatura media anual es de 25 grados. Nos sentíamos unos privilegiados ya que nuestras familias y amigos estaban en pleno invierno, en España, y nosotros, mientras, remojándonos plácidamente en Miami Beach…

 

Esa tarde, durante el atardecer, mi hija y yo subimos de nuevo a la azotea del hotel para contemplar la puesta de sol sobre la ciudad y conseguir alguna instantánea digna de Instagram… La puesta de sol fue espectacular, suele serlo cuando el cielo está nublado. Tonalidades doradas despidieron al sol aquel día.

Aún nos quedaba lo más emocionante de este primer día en nuestro viaje a Florida. Ir a ver un partido de la NBA de baloncesto!!!

 

Soy un gran aficionado a la NBA desde que Ramón Trecet empezó a retransmitir partidos en la década de los 90, en su mítico programa “Cerca de las estrellas”. Desde entonces sigo esta liga, en algunas épocas con menor intensidad, pero últimamente he vuelto a ponerme bastante al día. Creo haber transmitido esta afición a mi hijo, en realidad a Maxi le encanta cualquier tipo de deporte, así que ha sido tarea fácil… Disfruto mucho siguiendo el día a día de esta competición con él y compartiendo las estadísticas y resultados.

 

Lo primero que hice al planificar el viaje fue mirar el calendario de partidos de los Orlando Magic y los Miami Heats, que eran las ciudades con franquicia NBA por las que íbamos a estar durante nuestro viaje. Teníamos varias opciones que coincidían con las fechas de nuestro viaje, la que me pareció más interesante fue el partido entre los Miami Heats e Indiana Pacers, dos equipos en buena racha, hasta la fecha, así que compre rápidamente las entradas.

 

Esa tarde noche, del 27 de diciembre había llegado… Estaba lloviendo. Había calculado qué saldría mejor a nivel económico, ¿ir al pabellón en un UBER o el coste del aparcamiento para nuestro coche?. Salía mejor un UBER, así que lo gestionamos y en poco tiempo tuvimos el coche en la puerta de nuestro hotel. La conductora, Irina (lo confieso, lo acabo de mirar en la app), era una cubana de mediana edad con ganas de hablar. Nos dio un discurso político en contra del régimen cubano impresionante… si ya sabíamos que la revolución de Fidel Castro y compañía era una utopía, ahora, lo certificábamos con un testimonio que había vivido esa problemática en su propia piel. Irina llevaba unos 30 años ya en Miami, calculo que debió ser de las primeras ornadas de cubanos que abandonaron su país en busca de progreso y libertad. Pensé si no era también el capitalismo materialista que existe hoy en occidente una especie de esclavitud… En todo caso, me gustó que mis hijos oyeran aquel testimonio para que se dieran cuenta de lo bien que vivimos en Barcelona. Me gustó también comprobar que cubanos y españoles seguimos teniendo a día de hoy, un vínculo cultural y afectivo, en gran parte gracias a nuestra lengua común, el castellano.

 

Mientras atravesábamos por la MacArthur Causeway para dirigirnos al Bayside, donde se sitúa prácticamente, el American Airlines Arena, veíamos todo el skyline de la ciudad iluminado, espectacular… había un poco de atasco… Finalmente legamos al pabellón. Tras prestarnos a todo tipo de controles de seguridad, puse en marcha mi wifi portátil de “Myfitravel” para poder mostrar nuestras entradas online.

 

Al comprarlas, varios meses atrás, nos indicaron que no había opción de imprimir las entradas y que tampoco se podía hacer un pantallazo, así que la única forma de presentar los tickets era mediante un móvil con acceso a internet. En su día me preocupó un poco este tema, pero encontré una solución que nos resultó muy cómoda y práctica. Los de “Myfitravel” alquilan modems portátiles, del tamaño de un móvil, con tarjetas de operadores del país al que vayas a viajar, en nuestro caso, Estados Unidos. Al modem se puede conectar cualquier dispositivo mediante una contraseña, de esta manera, tienes internet allá donde vayas mientras tengas encendido tu aparatito. Nos fue de mucha utilidad durante todo el viaje. Mis hijos se conectaban en las largas jornadas de carretera que tuvimos y en algún hotel que el wifi era de pago… Muy recomendable el sistema, la verdad, seguro que lo contrataré en más ocasiones.

 

Bueno, finalmente entramos en el pabellón de los Miami Heats. El ambiente era el típico de todos los partidos de la NBA. Yo ya he visto unos cuantos en directo (en San Francisco y Orlando con Alex y en Nueva York con Pili), para mis hijos era la primera vez y estaban emocionados, incluso Lucía, que le importa muy poco el baloncesto, estaba con los ojos muy abiertos.

 

Un partido de la NBA es un espectáculo desde que empieza hasta que termina. No hay ni un momento de aburrimiento. Ya solo el estadio, con su iluminación, los colores, la gente disfrazada y el merchandising, es visualmente un espectáculo.

 

Colgaba del techo del pabellón unos estandartes con las camisetas retiradas de la franquicia, el “1” de Chris Bosh, el “32” de Shaquille O’Neil y el “33” de Alonzo Mourning. También estandartes que recordaban los campeonatos ganados en el 2006, 2012 y 2013. Dentro de poco colgarán el “23” de Lebron James…

 

Lo primero que hicimos fue buscar nuestros asientos. Estábamos en un lateral, detrás de una de las canastas, relativamente cerca de la cancha. Oíamos los chasquidos de las bambas de los jugadores, para que os hagáis una idea. Maxi y yo hicimos nuestra primera intentona para bajar lo más cerca posible de la cancha, y de esta manera poder tener una idea real de las dimensiones de aquellos jugadores NBA, pero la seguridad del pabellón en seguida nos coartó nuestras intenciones.

 

Seguidamente fuimos a comprar cena a uno de los puestos que hay en los pasadizos del pabellón. Nos pedimos nachos con queso cheddar (en abundancia), perritos calientes tamaño XL y bebidas tipo refresco, “Allá donde fueras haz lo que vieras!”.

Los jugadores de ambos equipos estaban calentando, Maxi y yo pudimos reconocer a varios de los Heats; Jimmy Butler (la estrella recién llegada de los Heat), Bam Bam Adebayo, Derrick Jones (el que varios meses después fue campeón del concurso de mates 2020), Goran Dragic.. Y de los Pacers; Domantas Sabonis (el hijo del mítico Arvidas Sabonis), Myles Turner, TJ Warren y Victor Oladipo (lesionado, en la banqueta).

 

De repente, todos los jugadores se pusieron en formación, se bajó la intensidad de la iluminación del pabellón y la gente se puso en pie. Un tal Mick Aquilino empezó a cantar el himno americano, esto ocurre en cada uno de los eventos deportivos que tienen lugar en Estados Unidos, cada día, esto si que es patriotismo… Todo el mundo en silencio, quitándose las gorras y con la mano en el corazón, incluso mi hijo Maxi!!! Que gracioso, cuando lo ví, pensé que ya le habían abducido… Lucía también quería ser abducida, pero tiene un carácter muy libre y no la ví del todo convencida… Terminó la actuación con aplausos y vítores.

Seguidamente dijeron por megafonía que si había algún militar entre los asistentes al evento, se pusieran de pie. Hubo varios. Fueron fuertemente aplaudidos por el resto del público, mostrando así su apoyo a las fuerzas armadas, otra demostración de la unidad del país.

 

Por fin empezó el partido, era uno más de la fase regular. Maxi y yo nos adelantamos unas filas para verlo más de cerca, en varias ocasiones tuvimos que movernos… El partido fue intrépido, ambos equipos estaban en buena forma y con un balance de victorias importante, así que se disputó hasta el final. Los Heats, que vestían su equipación azul turquesa y rosa, pudieron ganar finalmente de 1 punto en los últimos segundos del partido. Bam Adebayo fue nombrado MVP del partido.

 

En los tiempos muertos y el descanso, salían las cheerleaders de los Heats a bailar y demostrar sus habilidades mediante sus espectaculares coreografías. También había varios animadores vestidos de “Transformers” que hacían un juego de luces y fuego muy impresionante. Todo esto, combinado con la música que sonaba por megafonía y las consignas que lanzaban al público para jalear a su equipo como; “Go Heats”, o “Defense”, o “último minuto”… crearon un ambiente emocionante y divertido.

La experiencia les había encantado a Lucia y Maxi. Siempre que se pueda, es recomendable incluir un partido de la NBA en vuestro viaje a los Estados Unidos.

 

El partido había terminado y tocaba regresar al hotel. Seguía lloviendo y llamamos a un UBER. Tuvimos que esperar un rato debajo de un árbol porque con la salida de tanta gente, aquello estaba colapsado. Finalmente el UBER, conducido por un chico cubano, nos llevó al hotel.

Día 3. ¿Qué en el Parque Nacional de los Everglades?

Hoy nos hemos levantado prontito porque tenemos un día largo e intenso por delante. Hoy tocaba visitar el Parque Nacional de los Everglades.

 

Cuando viajé con Alex por Florida ya habíamos visitado este parque nacional, así que ya sabía los puntos más interesantes que explorar. Nos pusimos en marcha en dirección a Shark Valley, el primer y “obligado” espacio para visitar.

 

Toda la península de Florida es un gran humedal, el más grande de Norteamérica. Hay pantanos y zonas inundadas por todo el territorio, pero la zona protegida como parque nacional está al sur. Es una vasta zona de ciénagas y humedal protegida por el gobierno.

Ya pudimos ver desde el aire, cuando nos aproximábamos a Miami desde el avión, todo el gran humedal, los canales, y la inmensidad de los Everglades. Ahora teníamos que explorarlo desde abajo.

 

Nos costó salir de la zona de influencia del área metropolitana de la ciudad de Miami. Al cabo de casi 1 hora conduciendo por la Tamiami Trail, la carretera que atraviesa el parque nacional, nos encontrábamos por fin en zona rural, con sabana a ambos lados de la calzada. De vez en cuando veíamos zonas de recreo, con barcas tipo “overcraft” (impulsadas por aire) y gente pescando.

 

Llegamos a Shark Valley sobre las 10:00 de la mañana. Ya estaba el recinto lleno y tuvimos que esperar un poco. A partir de ahora, entraba un coche a medida que otro salía. Teníamos por delante 3 coches, así que no tardaríamos mucho en entrar. Vimos, de repente, el primer alligator!! Estaba en la cuneta del canal que teníamos a la derecha. Un buen ejemplar, como si lo hubieran puesto allí, a la entrada, como reclamo… Los niños empezaron a emocionarse… Por fin, tras 30 minutos, pudimos entrar en el recinto. Pagamos la tasa de conservación y aparcamos el coche. 

 

Shark Valley es una zona donde encontramos una pista asfaltada que se introduce en las profundidades de la sabana. Esta pista está cerrada a la circulación y solo se puede recorrer mediante bicicleta, a pie, o en un trenecito del parque. Lo más emocionante es recorrerla en bicicleta ya que puedes ir parando para ver la fauna que hay en los canales laterales, que recorren toda la vía. Ya hicimos esta excursión con Alex y nos encantó. La pista tiene una distancia total de 20 km. No está nada mal… Cuando quisimos alquilar las bicicletas, no había disponibles para niño, así que tuvimos que esperar un rato. Mientras, Pili, que no quería ir en bicicleta, se apuntó al trenecito e hizo la excursión sola, sin nosotros. Por fin llegó una bicicleta de niño, pero no funcionaba bien, la cadena se salía constantemente. Intentaron arreglarla y por fin parecía que habían solucionado el problema…

 

Nos pusimos Lucia, Maxi y yo en marcha por la vía. Empezamos a ver alligators, de todos los tamaños. Este es un reptil precioso, de un color intensamente negro, con una piel brillante que parece de plástico. No parecían reales, su presencia inmóvil les hace parecer un objeto sin vida, pero os aseguro que son de verdad… hicimos la prueba, les tocamos con una ramita y nos demostraron su tremenda vivacidad con un enérgico movimiento que les metió en el agua en una décima de segundo.

 

Lucia y Maxi iban contando los alligators que veíamos, no se si al final vimos más de una treintena… También veíamos tortugas, algunas enormes, peces, y aves de muchos tipos. Había bastante gente en bicicleta por Shark Valley, pero en muchos momentos, si te esperabas, podías llegar a estar solo y observar mejor a los alligators. Resultaba muy placentero y emocionante a la vez, circular en bicicleta por allí, con el amplio cielo delante nuestro y la gran sabana americana a nuestros pies. Y hacer un poco de ejercicio al aire libre!, ya llevábamos varios días sin poder hacerlo…

 

Cuando llevábamos unas 4 millas, la bicicleta de Maxi se volvió a estropear… estuve un rato intentando arreglarla, pero me fue imposible… ya nos veíamos rodeados de alligators engulléndonos sin piedad… Le pedimos ayuda a unas chicas canadienses, una de ellas hablaba español, así que llamó al personal del parque para que nos ayudaran. En cuestión de 15 minutos, llegó una ranchera con una bicicleta de niño que nos sustituyeron por la que se había estropeado.

 

Los niños estaban ya cansados, hacía calor y el regreso suponía 4 millas más… Yo hubiera querido llegar por lo menos a la torre, pero esta está en el km 10, así que los niños se negaron en rotundo. Volvimos por donde habíamos venido. A medio camino se nos puso a llover un poco… vimos de nuevo los alligators y las tortugas que ya habíamos visto. Al final la excursión fue solo de 8 millas, un poco accidentada, pero estuvo divertida.

 

Pili había finalizado su excursión en trenecito y le gustó mucho porque les iban explicando cosas de los Everglades. Ella si llegó a la torre y pudo ver las panorámicas de los alrededores. Devolvimos las bicicletas, cotilleamos un poco la tienda y el pequeño museo, y nos pusimos en marcha hacia Everglades City, otra vez, a través de la Tamiami Trail.

Justo al lado de Shark Valley hay una granja de alligators gestionada por los indios Miccosukee. Estos es la etnia originaria de Florida, ya estaban aquí cuando llegaron los españoles. Este grupo indígena cuenta con hoteles, casinos y otros negocios por todo el Estado, son un potente “lobby” económico hoy en día. En la granja de alligators se pueden ver piscinas llenas de alligators de todos los tamaños, algunos colosales… también hacen espectáculos con estos reptiles, del tipo, meter la cabeza dentro de las fauces del animal… a los niños les hubiera impresionado, pero el siguiente pase era dentro de 2 horas y no podíamos perder ese tiempo, así que continuamos nuestro viaje a Everglades City.

 

Everglades City es una pequeña población formada por casas unifamiliares con terreno, típicas americanas. No hay edificios por aquí, son todo viviendas de madera, casi todas blancas. Una iglesia también de madera blanca. Nadie por la calle, quizás al ser la hora de comer… Teníamos la salida en “air boat” a las 16:00h. Nos restaba 1 hora para comer y tras dar una vuelta, escogimos un restaurante que no tenía mala pinta, hacían pizzas y hamburguesas. Pedimos, pero como se nos echaba el tiempo encima, nos pusieron la comida para llevar.

 

Llegamos al punto de partida de nuestra excursión. La íbamos a hacer con la misma empresa que la hice con Alex, “Speedy Boat Tours” y en la misma zona. Me gusta esta zona de os Everglades porque aquí las barcas pasan por canales de manglares y planean también por la sabana. En otras zonas del parque solo es sabana y la actividad resulta monótona. Además, solo aquí hay barcas pequeñas, de 6 pasajeros. En la mayor parte del parque, sobre todo en las zonas más cercanas a Miami, las barcas son para 20 pasajeros…

 

Mientras esperábamos la hora de nuestro embarque, comimos las pizzas que habíamos comprado, riquísimas! Y estuvimos cotilleando el local de “Speedy Boat Tours”, donde tenían cabezas disecadas de alligators y un ejemplar pequeño en una piscinita.

El capitán nos dio una breve explicación con las normas de seguridad y nos embarcamos en el “air boat”. Estas son barquitas de metal propulsadas mediante un gran ventilador que se sitúa en la parte trasera del aparato. El suelo de la barca es totalmente plano, así que se desliza con gran velocidad por encima del agua.

 

En nuestra barca íbamos nosotros cuatro, dos pasajeros más y el capitán. Nos dieron unos auriculares para evitar el molesto ruido que emite el motor de estas barcas cuando está en marcha.

 

Al principio de la excursión, la barca va muy tranquila, se mete despacito por unos canales de manglares espectaculares, pero de repente, el capitán empieza a darle gas y la barca empieza a volar, literalmente, por encima del agua, a una velocidad increíble, o al menos eso nos parecía… la zona por donde nos movíamos combinaba canales estrechos con clarianas y zonas de pradera. La barca iba variando su velocidad en función de la zona por donde nos movíamos. Cuando se abría la sabana, le daba caña, pero cuando entrabamos en los manglares estrechos, se ralentizaba. Era una gozada aquel paisaje, totalmente salvaje e inaccesible por el ser humano, exceptuando en barca, claro… Me imaginaba la inmensidad de todo aquel parque, si era como lo que estábamos viendo nosotros, debía ser una maravilla de la Naturaleza…

 

En un manglar ancho de forma redondeada, vimos un alligator enorme, ahí, tomando el sol. La barca se acercó mucho, casi tocándolo, pero ni se inmutó. Continuamos nuestra expedición por los Everglades. Cuando pasábamos por estrechos canales temía por mi GoPro, ya que lo llevaba totalmente desplegado y me hubiera podido dar un golpe con alguna rama, por suerte, fui con cuidado y no hubo problema. Quería captar todo aquello como fueses y estuve grabando con la GoPro y el móvil. Os mostraré algunas imágenes para que os hagáis a la idea de los que fue aquella aventura. Obviamente, hacerlo en vivo es mucho más emocionante…

 

Cuando estábamos llegando al embarcadero, el capitán se levantó rápidamente de su asiento y dio media vuelta bruscamente. Le pareció haber visto un manatí. Estuvimos rastreando un par de minutos, pero no lo volvimos a ver. Se ve que por aquí hay muchos manatíes. Este es una especie de hipopótamo-delfín totalmente inofensivo que vive en los pantanos de todo el Caribe.

 

Esta fue, para los niños y Pili, una de las actividades que más les gustó de todo el viaje. Para mi, es una actividad “obligatoria” para todo el que haga un viaje por Florida.

 

En este link podrás encontrar información sobre excursiones a los Everglades desde Miami.

Seguidamente nos pusimos en marcha hacia Orlando. Teníamos por delante 330 km de carretera. Me imaginaba que sería una carretera bastante solitaria, ya que transcurría por el interior de la península de Florida, pero me equivoqué por completo, había un tránsito increíble, en algunos puntos tuvimos hasta retenciones… El trayecto se convirtió al final en casi 5 horas… Llegamos a Orlando reventados. Pusimos la dirección del hotel en el gps, y llegamos a nuestro hotel a las puertas de Universal Studios y con parking gratuito. Esa noche, Lucia y yo fuimos a buscar un Mc Donald’s para cenar, estaba chispeando. Pili y Maxi cayeron antes de que llegáramos a la habitación…

Día 4. ¿Qué hacer en Orlando? ¿Cómo es la visita del Sea World?

Hoy iniciábamos la fase “crítica” de nuestro viaje a Florida. Se trataba de 2 días de parques de atracciones, una actividad que detesto… no me gustan nada, las colas, la muchedumbre, la artificialidad, el consumo, la falsa felicidad… ¿Me habré vuelto un viejo cascarrabias?. Pero como os comenté al principio de este artículo, era una concesión que les había hecho a mis hijos, que si les gustan mucho los parques de atracciones. Además, en todo viaje a Orlando con niños, es obligado incluir varios parques de atracciones.

 

Entre toda la oferta de Orlando, había seleccionado los parques Sea World y Universal Studios. A principio elegí Disney World antes que Sea World, pero el precio de las entradas me echó para atrás, calculé más de 1.000 € entre los 4 por pasar un día en el parque… me parece de locos… Sea World ya lo visité con Alex y nos gustó más de lo que pensábamos. Es un parque medio zoológico, medio de atracciones y a un precio razonable.

 

En este link podrás encontrar todas las excursiones y servicios que se ofrecen en Orlando.

 

Por otro lado, Universal Studios también es muy caro, no tanto como Disney, pero era “obligado” para nosotros, ya que aquí está todo el mundo de Harry Potter y a Maxi le encanta este personajes… Así que tuve que gastármelas… En fin, mensaje a todos los padres que vayáis a pasar unos días de parques por Orlando; preparad pasta gansa…

 

Esta mañana cogimos el coche y nos dirigimos al Sea World a través de la Carretera 4 o “International Drive”, la vía que une todos los parques de Orlando y el downtown. Aparcamos el coche en un enorme y abarrotado parking, eran fechas vacacionales de navidad, y nos dirigimos a las taquillas de entrada de parque. La entrada fue rápida, nos pusimos en la cola de las oficinas del parque para que nos dieran una pulserita para las comidas (había comprado en el Black Friday una opción de “comida incluida todo el día” por 50 USD$ toda la familia) y nos explicasen un poco el funcionamiento del parque.

 

Ya con todo listo y más o menos claro, nos pusimos a caminar en busca de las principales atracciones. Pudimos probar varias veces, que yo recuerde, las siguientes atracciones: las 3 montañas rusas; Kraken, Manta (esta es invertida, vas boca abajo, solo se montaron los niños…) y Mako. Y Atlantis. No hay muchas más, pero estas 4 son bastante buenas. El otro atractivo del parque son el espectáculo de los delfines y de las orcas. Ambos se llevan a cabo en un par de anfiteatros impresionantes (Dolphin Theatre y Shamu Stadium), con capacidad para al menos 1.500 personas cada uno, todas cubiertas. 

 

Yo creía que los espectáculos con animales estaban prohibidos en Estados Unidos, no sé dónde lo había oído, pero una vez en el parque nos dijeron que aún se celebraban. No soy partidario de tener a delfines y orcas, y en general a animales en cautiverio, creo que estos preciosos seres vivos tendrían que estar en su habitat natural, el mar...

 

En ambos espectáculos, cogimos buenos asientos y pudimos verlos muy bien, cerca de la piscina, pero fuera de la zona “wet”. Los niños y Pili alucinaron con los saltos y ejercicios de coordinación tanto de delfines como de orcas. La orca, al ser un animal más grande y de aspecto más “fiero”, es más espectacular. Los espectáculos no son muy largos, unos 20 minutos y combinan ejercicios de habilidad de los animales en grupo o individuales, con ejercicios con los adiestradores; estos se tiran al agua vestidos con un neopreno y los delfines los transportan por el agua con sus morros o aletas, o les hacen saltar por los aires a gran altura.

 

Con las orcas no se metió nadie… hace unos años, una orca, jugando inocentemente con su adiestrador, lo ahogó sin querer y desde entonces esta práctica está prohibida.

Aquí en Sea World hay también unas piscinas donde se pueden ver manatíes. Había varios ejemplares inmensos en unas piscinas artificiales de agua muy clara. Había también unas piscinas preparadas para recibir a manatíes heridos, en esos momentos había un par que se estaban curando.

 

También está la piscina de las mantas raya. Una especie de piscina poco profunda por donde se van paseando decenas de mantas, a las cuales puedes tocar con la mano, sintiendo la suavidad de su piel. Esta actividad les gustó mucho a los niños, pero a mí, más, según mi mujer…

 

Había sido un día intenso y ya se estaba haciendo tarde. Había superado el primer día de parques con éxito. Me ayudó mucho el hecho de que Sea World no es uno de los parques más populares y no hay tanta gente como en Disney o Universal. Aquí las colas son asequibles y te puede montar varias veces en casi todas las atracciones sin problemas. Es muy recomendable este parque para familias con niños.

De camino al hotel paramos en un Outlet. Esta es una de las principales motivaciones de mi hija, las compras, los Outlets, la ropa, las marcas… es una adolescente de “cajón”, así que le toca todo esto.

 

Orlando está lleno de Outlets, hay algunos inmensos, que ocupan un barrio entero. Es la segunda atracción de la ciudad, después de los parques de atracciones. Estos se complementan perfectamente ya que cuando la gente sale de uno, entra en el otro. Aquí los Outlets cierran a las 23:00 h.

 

Volviendo ya de regreso al hotel, con el atardecer de fondo, vimos en el carril contrario la cola de coches que salían de Disney World… calculamos unos 5 ó 6 km de retención… impresionante todo este tinglado… digno de estudio…

Día 5. ¿Qué hacer en Orlando? ¿Cómo es la visita de Universal Studios?

Hoy tocaba visitar una de las joyas de la corona. Junto con Walt Disney World Orlando, Universal Studios es el gran parque de atracciones de Orlando. Es una multinacional que cuenta, por ejemplo, con parques como Port Aventura en Tarragona. Pero el más grande y espectacular es el que nos tocaba visitar a nosotros hoy… teníamos las expectativas muy altas, todo lo que nos habían vendido era fantástico y maravilloso… Fuimos al parque en un shuttle gratuito que salía desde nuestro propio hotel, nos dejó en la puerta de acceso al parque. Nos habíamos despertado pronto para aprovechar todo el día montando en tracciones. Llegamos justo cuando se abría el parque, ya había mucha gente entrando, el volumen era superior al de Sea World…

 

Nos habíamos estudiado un poco el mapa del parque para organizarnos y no dar palos de ciego, sabíamos que hay 2 parques; Island of Adventure y Universal Studios Florida, ambos unidos por el tren “Hogwarts Express” de Harry Potter.

 

Nosotros entramos por Universal Studios Florida. Nos quisimos montar en la primera montaña rusa que vimos, “Hollywood Rip Ride Rockit”, pero la cola era de 1:30 min. Vimos por allí un kiosko donde vendían “Fast Pass”, es decir, pases para saltarte las colas y preguntamos. Nos pidieron 350 USD por persona en la modalidad más económica, la de saltarte la cola 1 vez en un total de 5 atracciones… que timo, por Dios! Eso supondría 1.000 USD por un complemento a la entrada principal… Nos tocaba hacer colas… Lo más fuerte de todo es que esa fue la cola más corta que hicimos en todo el fatídico día… luego las colas se volvieron de 2 horas, 3 horas e incluso en una atracción nueva de Harry Potter “Hagrid’s Magical Motorbike”, vimos que la cola era de 4 horas!!!. Total para que luego la atracción dure 1 minuto como máximo… ¿nos hemos vuelto locos?

 

Tampoco hay ningún sistema a través del que puedas reservar una hora en concreto tu plaza para la atracción, así que nos tocaba armarnos de paciencia y tratar de poner buena cara… me costó, ya os digo que no soporto las colas ni la muchedumbre… He de admitir que los decorados de Universal Studios son espectaculares, están super logrados y la ambientación es perfecta. Después de montar a la primera montaña rusa, buscamos algún sitio para desayunar... no hay cafeterías ni nada similar por aquí, solo restaurantes carísimos y kioskos de perritos calientes a 11 USD por bocata, tócate los bolsillos…

 

Otra de las cosas mejor logradas de este parque es la zona de Harry Potter. La ambientación es increíble. Según mi hijo, seguidor de esta saga, le parecía estar dentro de una de sus películas. En esta zona, si te metes dentro, son todo tiendas de merchandising y restaurantes o heladerías, no hay ninguna atracción, es decir, es un centro comercial encubierto, tematizado de Harry Potter.

 

A Maxi le hizo mucha gracia entrar en una tiendecita especializada en baritas mágicas. La verdad es que era muy graciosa, con todas las cajitas con sus diferentes tipos de baritas. Al final cayó una, ¿cómo podíamos decirle que no al niño, estando allí? Resultó que, con estas baritas, podías hacer “magia” en el patio del poblado de Harry Potter. Un sistema de células sensibles proporciona movimiento a unos monigotes, que supuestamente se mueven cuando les señalas con la barita… otra ilusión!

 

Una de las grandes atracciones del parque es el tren de Harry Potter, que te transporta de un parque al otro. La espectacularidad reside en la cola que hay para coger este tren y en la decoración, otra vez, del aparato. El trayecto en sí, es corto, unos 5 minutos, que te los amenizan con una proyección de un corto de Harry Potter, que parece que estén en vivo persiguiendo al tren.

Ya en la zona de “Island of Adventure”, nos encontramos un poco con lo mismo, grandes decorados, impresionante recreación del pueblo de Harry Potter, pocas atracciones y mucha tienda. Lo que os digo, un centro comercial encubierto.

 

Aquí recuerdo la montaña rusa de Hulk, que hicimos una cola de 2 horas, que resultó espectacular, pero ¿vale la pena tanta espera?. Los niños se montaron en “Doctor Doom’s Fearfall”, una de esas torres que de repente se precipitan al vacío… y ya yéndonos, entramos en la atracción de la “Venganza de la momia”…

 

Al final, nos montamos en 5 ó 6 atracciones, no hay muchas más, y nos paseamos por decorados fantásticos… Creedme lo que os digo, a los que os guste todo esto, Universal Port Aventura en Tarragona me gusta más que Universal Orlando; hay más atracciones "de las buenas", menos colas, más económico y lo tenemos al lado de casa… Por otro lado, creo que los niños disfrutaron más el día anterior en Sea World que en Universal Orlando.

 

Volvimos a nuestro hotel con el mismo shuttle bus que habíamos tomado por la mañana. Abarrotado de gente con caras exhaustas. Ese día creo que cenamos alguna cosa que teníamos por la habitación y caímos rendidos.

Día 6. De Orlando a la Space Coast ¿Cómo es la visita del Kennedy Space Center?

Hoy salíamos victoriosos de Orlando y nos dirigíamos a la Space Coast, concretamente a Cabo Cañaveral. Nuestro objetivo de hoy era el museo-parque temático Kennedy Space Center, de la NASA. Éste parque si me interesaba, aunque ya lo visité con mi hermano Alex en nuestro viaje por el Sur de Estados Unidos en el 2015 y nos encantó.

 

Hoy era 31 de Diciembre, el último día del año 2019, y lo íbamos a pasar en las instalaciones de la NASA, no estaba mal, no?. Recorrimos los 90 km que hay desde Orlando y llegamos sobre las 11:00h. de la mañana.

 

Este es un parque muy didáctico, orientado a explicarte la historia de la aeronáutica americana y mostrarte los diferentes tipos de cohetes y naves que han creado a lo largo de la historia. También sus misiones y todo lo que a través de la aeronáutica se ha inventado y se ha aplicado a la vida cotidiana, como los satélites, los radares, el wifi, etc. Todo eso funciona gracias a los miles de satélites que tenemos suspendidos encima de la Tierra. Es apasionante todo este tema…

Hay varias zonas dentro del parque, la primera que se visita son los cohetes más básicos y antiguos de la NASA, los pioneros. Para oír las explicaciones, nos dieron unos auriculares y una Tablet, donde además podíamos ver videos y fotos del tema en cuestión.

 

Seguidamente se entra en el recinto del Atlantis, donde está expuesta una lanzadera naranja a tamaño real, inmensa… no en vano, para poder elevar las naves espaciales, se necesita una bombona de butano gigante, que consiga propulsar esas naves hasta la estratosfera. Luego, una vez fuera de la órbita del núcleo de la Tierra es otra historia…

 

Lo que más me gusta de este espacio es que te explican todo el proyecto de la nave Atlantis, te pasan videos, fotos, y al final, detrás de una cortina aparece el Atlantis verdadero, el que se utilizó durante años para transportar material para fabricar los satélites. Esta nave es maravillosa, una obra de ingeniería increíble, y la tenemos delante nuestro, a tocar… La tienen expuesta como suspendida en el aire y da la sensación de que esté volando.

 

Alrededor de la nave hay objetos y pequeñas atracciones relacionadas con la aeronáutica, como escafandras, una simulación del interior de una nave, un tobogán para los niños, las ruedas del Atlantis, e incluso un simulador del despegue de una nave, con toda la espectacularidad y estruendo que os podeis imaginar y después la tranquilidad de estar navegando por el espacio exterior, sin gravedad… muy lograda esta atracción.

Para salir de este pabellón se hace a través de una tienda bien surtida de merchandising de la NASA. Me gustó mucho los parches con el logo de cada una de las misiones históricas. Lucia me pidió una sudadera de la NASA, aún la lleva, es muy chula.

 

A la otra parte del parque se ha de ir en un shuttle bus gratuito. Nosotros cogimos el último del día. Nos dieron una vuelta por las instalaciones y vimos varios de los edificios de la NASA donde se fabrican las naves espaciales y otros aparatos. También vimos edificios de otras empresas de aeronáutica que proveen o son clientas de la NASA. Vimos también varias plataformas de lanzamiento a lo lejos. Cuando estaba planificando el viaje, consulté en la web de la NASA a ver si coincidían nuestras fechas con algún lanzamiento, pero no hubo suerte… Hay muchos lanzamientos a lo largo del año aquí. Tengo algún cliente que vio uno y me comentó que es espectacular poder presenciarlo en directo.

 

El otro pabellón está dedicado más a las misiones históricas de la NASA. Solo entrar hacen una performance de un lanzamiento de un cohete y seguidamente se entra a un hangar enorme donde hay expuesto un cohete gigantesco, de unos 100 metros de largo. Se puede pasear por debajo del aparato ya que está suspendido en el aire horizontalmente. Te deja con la boca abierta, es un amasijo de metal precioso que transmite inteligencia, la de las personas que lo han imaginado y creado.

 

El resto del hangar es una exposición de objetos; escafandras antiguas y modernas, cabinas, módulos lunares… en el jardín hay unas pequeñas gradas para ver el lanzamiento de cohetes. Se ven desde aquí, a lo lejos, 4 ó 5 plataformas de lanzamiento. También hay una estatua que homenajea a los 3 héroes que pisaron por primera vez la Luna; Michael Collins, Neil Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin. Estos si que fueron auténticos aventureros, de la talla de Juan Sebastian Elcano o Magallanes.

 

Volvimos con el shuttle bus a la zona inicial del parque. Vimos la puesta de sol preciosa de ese último día del año. Salimos del Kennedy Space Center muy satisfechos y nos dirigimos a Cocoa Beach, donde teníamos el hotel para esa noche.

Llegamos rápido, no estaba muy lejos. El hotel era un típico motel americano, a 100 metros de la playa. Aparcamos el coche delante de nuestra habitación, como en las películas. Vimos un restaurante con buena pinta, pensamos en cenar allí y ver un poco el ambiente de fin de año, reservamos mesa para las 10:00.

 

Mientras Pili y los niños se quedaron descansando en la habitación, yo me acerqué a la playa, estaba oscuro y hacía frío. Estaba todo desierto, pude oír las olas y sentir el aroma del mar. Seguidamente me fui a un hipermercado que teníamos en frente del hotel. Era un Publix, el primer macro mercado que entraba durante nuestro viaje. Era alucinante, un paraíso para los amantes de los supermercados, como mi hermano Alex. Había de todo lo que te puedes imaginar… la sección de refrescos es interminable, 20 clases diferentes de Coca Colas, 10 de Fantas, 30 de Cervezas, etc. La sección de pan, conté que había como 12 clases de pan de molde; con nueces, con canela, con arándanos, con manzana, con chocolate, con manteca de cacahuete, etc. La sección de quesos, tres cuartos de lo mismo, la de fruta, igual… En fin, un edén para los amantes de la cocina.

 

Compré algunas provisiones para toda la familia, menos de lo que me hubiera gustado, porque lo querría haber probado todo… entre ellas, uvas para celebrar la noche vieja.

 

Fuimos a cenar al restaurante Cocoa Beach Ale House, estábamos nosotros y una pareja más, ese era todo el ambiente de fin de año que encontramos esa noche en Cocoa Beach… Estuvimos cenando y charrando animosamente con los niños, pero sobre las 11:00 ya nos lo habíamos dicho todo. Nos fuimos a nuestra habitación y nos quedamos fritos, sin tomar las uvas… Esa fue, sin dudarlo, la noche vieja más poco ortodoxa de mi vida, pero así la pasamos, tan ricamente.

Día 7. De Cocoa Beach a Miami

Hoy, día 1 de enero 2020 estrenábamos década. Nos despertamos en Cocoa Beach, un destino eminentemente surfero, un día soleado, con una temperatura perfecta para ir con bermudas y camiseta, ¿Qué más podíamos pedir?

 

Fuimos al restaurante del hotel a desayunar, aquí si lo teníamos incluido. Estaba lleno de gente. El desayuno consistía en zumos variados, el de naranja no estaba del todo mal. Donuts y otros bollos, una máquina para hacer tus propios gofres y tortitas. Luego, por supuesto, huevos, bacon, salchichas y judías… no sé cómo los anglosajones pueden meterse eso entre pecho y espalda por la mañana… Seguidamente recogimos la habitación y nos fuimos a la playa, a dar una vuelta. El ambiente era de mucha tranquilidad, el mar estaba en calma, con algunas olitas que aprovechaban un grupo de surferos cerca del “pier” (muelle) de madera. Estos surferos no descansan ni un solo día, es increíble la afición que tienen por este deporte. Había varios que estaban calentando o practicando en la arena; se estiraban encima de la tabla y se levantaban rápidamente, flexionando todo su cuerpo para mantener mejor el equilibrio. Llevaban neopreno porque, aunque el día y la temperatura eran agradables, el agua estaba considerablemente fría.

 

Subimos al “pier” para ver las vistas y cotillear un poco. El “pier” era una enorme estructura de madera con tiendas por dentro. Todas de “souvenirs”, muchas con ropa surfera. Parece ser que Cocoa Beach es un destino muy apreciado por los surfers. De hecho, creo que toda esta costa atlántica, desde la Savannah hasta Miami recibe buenas olas y se practica el surf en todas las playas. Las camisetas eran muy chulas, con logos muy surferos de “Cocoa Beach”, las olas y la tabla de surf. Tenían también tablas de surf, gorras, trajes de baño, gafas de sol, postales, chancletas, toallas, conchas, crema solar, etc.

 

Había también un bar con la barra al aire libre, pero no había nadie. Aquí estuvo el ambiente ayer por la noche, celebrando el fin de año, olía todavía a bodega… Un poco más allá del “pier” estaba cerrado al público en general. Era una zona de pescadores y solo podían pasar los que tenían autorización. Había unos cuantos pescando desde lo alto del “pier” con sus cañas. Los pescadores y los surfers no desperdician ocasión para practicar su afición…

 

Estuvimos un rato viendo desde la altura que nos proporcionaba el “pier” a los surfers que nos quedaban debajo. Era una bonita y curiosa perspectiva. Ondeaba sobre nosotros una gran bandera de los Estados Unidos, no había duda de que estábamos dentro de una película.

Tras un rato disfrutando de aquel bonito primer día del 2020, cogimos el coche y nos fuimos al macro supermercado Publix, donde había estado la tarde anterior. Quería enseñárselo a Pili y los niños. Fue como una atracción más, cuando entramos, fliparon en colores… con toda aquella muestra de productos totalmente nuevos y apetecibles. Parece algo absurdo describir un supermercado, pero creedme que son una cosa extraordinaria, nada parecido tenemos en España…

El resto del día de hoy era de tránsito. Volvíamos hacia el sur, nuestro destino era Miami, donde íbamos a hacer una noche de conexión. Teníamos por delante 200 millas (unos 320 km). Había estado investigando si había algo interesante por el camino, pero todo eran poblaciones de costa residenciales, algunas conocidas como Boca Ratón, Palm Beach, Ford Lauderdale, pero no tienen ningún atractivo, como mucho encontrar algún Outlet interesante. Así que nos lo tomamos con calma y nos pusimos a conducir por aquellas enormes autopistas de 5 carriles en cada dirección. El asfalto aquí en Estados Unidos es de un color gris claro sucio y su estado no es tan bueno como los que tenemos en Europa.

 

Paramos en unos Outlets a la altura de Palm Beach para descansar y dar una vuelta. Resultó ser el Outlet ideal, estaban todas las tiendas que buscaba Lucia, Brandy, Van’s, Converse, Abercromby & Fitz, etc. Tras recorrer todo el centro comercial varias veces, Lucía se compró todo lo que quería. Había estado ahorrando varios meses para esa ocasión, así que estaba super contenta con sus adquisiciones. Yo me compré una gorra de una marca de beisbol “Rawlings” que me gustó. Había una tienda de deporte fantástica. Todo lo que tenían era de beisbol y futbol americano; bates, gorras, pelotas, protecciones, bambas, camisetas, etc. Lo tenían todo expuesto de una manera muy atractiva, todo perfectamente ordenado, como a mí me gusta… Maxi y Pili también se compraron alguna cosita, así que todos contentos.

 

Continuamos nuestro camino, era ya tarde y aún no habíamos comido. Decidimos parar en un Wendy’s, no había más alternativa que alguno de los 10 “fast food” que se repiten constantemente en este país; Mc Donald’s, Burger King, Wendy’s, Taco Bell, Pizza Hut, Subway, Dunkin Donuts, Kentucky Fried Chicken y Popeyes. Hay más, pero estos son los más populares.

 

Nos hacía gracia probar las hamburguesas de Wendy’s. El logo es la cabeza de una muñeca, que según mis hijos parece la muñeca diabólica… La camarera era hispana y nos orientó para entender las ofertas que había. El menú es exactamente el mismo que el de Mc Donald’s, bocata, patatas y bebida, pero según como lo combines, te sale mejor de precio… Las hamburguesas, he de confesar que estaban muy ricas y sabrosas y las patatas crujientes. La bebida era “refill” y te servías tú mismo. La máquina expendedora de bebidas nos dejó impresionados; tenía más de 40 modalidades de bebidas de diferentes gustos. Solo de Dr. Pepper, mi bebida favorita, tenían estas opciones; Dr. Pepper classic, Dr Pepper cherry (sabor cereza), Dr Pepper cherry vainilla, Dr Pepper Diet, Dr Pepper Diet cherry, Dr Pepper Diet cherry y vainilla… Imaginaros de Coca Cola o Fanta… Maxi se hizo una mezcla de varios sabores, pero tuvo que tirarlo de lo repugnante que estaba… Al final, Wendy’s nos gustó!

 

Pusimos la directa y al fin llegamos aquella tarde a Miami. Esta vez había reservado un hotel en la zona del Bayside, justo delante del puerto, muy cerca del pabellón de los Miami Heat, para conocer otra zona de la ciudad. Esa tarde-noche Pili y Maxi se quedaron en el hotel a descansar y marranear con los Ipads. Lucia y yo salimos a dar una vuelta a la manzana. Había bastante ambiente, pero no me gustaba mucho ya que eran muchos jóvenes con sus patinetes haciendo el salvaje. Al ir con mi hija me dio un poco de mal rollo y nos metimos en un super para comprar algo de cena. Compramos macarrones con queso cheddar precocinados y los preparamos en el hall del hotel, donde había un microondas. Esa noche cenamos en plan guarro en la habitación del hotel. Recuerdo que vi por la televisión el final del partido de los Patriots de futbol americano, perdieron. Esa temporada habían empezado ganado cinco partidos seguidos, pero la suerte les había cambiado y estaban perdiendo los últimos 7 partidos… Estaban entrevistando a Tom Brady, el “Dios” del futbol americano de los últimos años, y le preguntaban si estaba ya pensando en la retirada… 

Día 8. De Miami a Key West a través de los Cayos de Florida

Esta mañana iniciábamos la tercera parte de nuestro viaje por Florida. Íbamos a los cayos de Florida, nuestro destino era Kew West, pero para hacerlo más “molón” fuimos pronto por la mañana al aeropuerto de Miami para cambiar nuestro monovolumen por un “muscle car”, un Mustang descapotable!!

 

El plan se nos complicó un poco ayer por la noche, cuando en la recepción del hotel les dijimos si podían guardarnos nuestras maletas un par de días y nos dijeron que por normas de seguridad no era posible… El modelo de coche que íbamos a conducir al día siguiente tiene un maletero muy reducido y no era posible llevar todo el equipaje con el que viajábamos… teníamos que buscar una solución. Estuve mirando por internet y vi que en el aeropuerto de Miami hay consignas, estábamos salvados… así que antes de coger el Mustang, fuimos a dejar los maletones a la empresa que se situaba en una de las terminales de pasajeros del aeropuerto internacional. Ya más ligeros de peso, fuimos a la terminal de “Rental Car”, hicimos de nuevo los trámites para que nos entregaran un coche y nos dijeron que fuéramos a la zona del parking donde podríamos elegir entre varios modelos de coches. ¡Maldita sea! No había ningún Mustang disponible en esos momentos!!!, el destino nos había jugado una mala pasada, había planeado este viaje concienzudamente y uno de los puntos clave era poder conducir un Mustang por los Cayos de Florida… Los modelos que había disponibles también eran chulos; Chevrolet Corvette, Chrysler Sebring, pero me hacía mucha ilusión manejar un Ford Mustang…

 

Hablamos con la chica que estaba por allí controlando, una hispana con un tatuaje del Real Madrid en el brazo. Pili le hizo un poco la pelota y parece que le cayó en gracia. La chica nos dijo que nos esperásemos 15 min. porque estaban adecentando un Mustang que acababa de ser entregado. El problema era que había más gente en nuestra misma situación, esperando un coche del ansiado caballito… La chica nos dijo que esperásemos en una esquina del parking, por allí llegaría nuestro coche y nos lo entregarían un poco de “estrangis”, colándonos a otras personas… Le dije a Pili que le fuese a dar una propina a esta chica tan enrollada, pero la chica se negó…

Llegó nuestro flamante Ford Mustang rojo aún con algunas gotas del túnel de lavado. Metimos las maletas, que cupieron perfectamente y nos pusimos en marcha, con la capota bajada y nuestras cabelleras al viento!. Qué gozada!, un descapotable para mi es otro de aquellos lujos, como las piscinas, que me producen un placer fantástico de libertad, buen rollo y felicidad…

 

A todo esto hay que ser realistas y comentar que un Ford Mustang en Estados Unidos es un coche muy popular y se ven muchísimos, es decir, no es nada extraordinario. Es un coche chulo y molón, pero es el descapotable que más se alquila en el país. A mi me daba igual, para mi es un aparato perfecto y me hacía mucha ilusión volver a conducirlo. En el viaje que hice con mi hermano Alex en el 2015 también cogimos un Mustang descapotable (blanco), pero lo condujo él casi todo el viaje, no quería soltar el volante el muy cabrón…

 

En este link puedes encontrar información sobre excursiones organizadas a Key West desde Miami.

Teníamos por delante 270 km de carretera hasta Key West. Éste trayecto es uno de los clásicos en Estados Unidos junto a la “Ruta 66” o la “Spanish Trail”. La “Florida Keys Scenic Highway” o “Overseas Highway” es una carretera que va saltando de cayo en cayo hasta llegar a Key West, el punto más meridional del territorio continental de los Estados Unidos. Los paisajes de esta vía son espectaculares, con el océano Atlántico a la izquierda y el Golfo de México a la derecha. Es una obra de ingeniería colosal, difícil de entender.

 

En los años 20 se construyó aquí una vía férrea que era la extensión hasta Cayo Hueso del ferrocarril de la Costa Este de Florida, pero con los años vieron que esta vía era impracticable aquí debido a los constantes daños que sufría por parte de los huracanes, así que la abandonaron. Años más tarde construyeron una carretera de asfalto sobre el antiguo derecho de paso del “Ferrocarril de Ultramar” (Overseas Railroad), que es la que todavía hoy se utiliza.

 

El trayecto entre Miami y Key West se puede cubrir en unas 3 horas. La conducción es un poco más lenta de los normal porque hay zonas en que solo hay 1 carril en cada sentido y además se atraviesan varios cayos habitados, así que la velocidad está muy controlada.

 

Nosotros tardamos unas 5 horas porque encontramos una cola impresionante. Eran fechas vacacionales y había mucha gente. Nos lo tomamos con paciencia y fuimos haciendo varias paraditas. Tras pasar Key Largo, el cayo más grande, no parece que estés en una isla, llegamos a Islamorada, donde está Robbie’s Pier, una especie de muelle hippie, lleno de palmeras pintadas, conchas y restos de barcos ya inservibles. Tienen una buena montada aquí… Se trata de un bar restaurante que da a un muelle donde está lleno de unos peces gigantescos llamados “tarpones” y enormes pelicanos. La gracia de todo esto es que puedes comprar unas bandejitas con peces para dar de comer a los tarpones. Estos peces se van paseando cerca de la superficie y cuando les enseñas la sardinilla, saltan y te la cogen de la mano… a la gente les encanta ver esto. La versión extrema de todo esto es aguantar bien la sardinilla y ver como el tarpón se te come medio brazo… A los niños les encantó dar de comer a estos inmensos peces, algunos, sin exagerar medían metro y medio… Los pelicanos, mientras, están merodeando por allí, al acecho, a ver si pueden pillar alguna sardinilla, pero has de ir con cuidado porque estas aves tienen malas pulgas y pueden ser agresivas, así que has de tener la vista puesta en dos potenciales peligros… Cuando se nos terminó nuestra carnaza, estuvimos un rato viendo este espectáculo y jugando con los pelicanos. 

Se nos echaba el tiempo encima, así que decidimos continuar nuestro viaje. Había mucho tránsito y nos movíamos con lentitud, pero no nos importaba, el paisaje era tan bello, con islotes de manglar esparcidos por el mar, tonos azules intensos y verdes, barcas navegando por los cayos, el cielo ancho… en realidad estábamos en medio del mar, ya a una distancia considerable de tierra firme. Dejamos a un lado un Hospital de Tortugas, muelles donde alquilaban barcas para pescar, centros de buceo, un trozo de la antigua vía férrea cortada, un zoológico marino con espectáculo de delfines, zonas residenciales con casas preciosas tipo caribeñas, esta zona es, sin dudarlo, una región turística de primer orden mundial.

 

Teníamos la puesta de sol delante nuestro, justo cuando llegábamos a Key West. El cielo se volvió rojizo, como si de un incendio se tratase.

Pusimos el gps para que nos llevara directo a nuestro hotelito, Lighthouse Court Hotel. Se trataba de un hotel estilo caribeño, todo de madera, con palmeras en el jardín y una piscina fantástica en el centro de los diferentes módulos del hotel. Está situado justo delante de la casa de Ernst Hemingway, así que le daba un valor añadido a nuestra estancia aquí en Key West.

 

Nos acomodamos en nuestra habitación, una suite fantástica con dos camas enromes, salón, vestidor y un buen baño completo. Mis hijos y yo nos fuimos a dar un baño a la piscina, nos sentó de maravilla… Pili también bajó, no se bañó, pero nos acompañó tomándose un mojito.

 

Estaba feliz, en Key West, un destino que me encanta, con mi mujer y mis hijos, un hotelito precioso y un Ford Mustang en la puerta del hotel, no podía pedir más... Nos vestimos un poco guapos, yo me puse mi guayabera, y nos fuimos a dar una vuelta por Durval St. la calle con más ambiente de la ciudad. Estuvimos buscando algún sitio para cenar y finalmente escogimos un mexicano que nos gustó mucho. Aquella noche nos fuimos a dormir agotados, pero felices.

Día 9. ¿Cómo es la excursión al Parque Nacional Dry Tortuga? 

Hoy era, para mi, el gran día del viaje. Íbamos de excursión al Parque Nacional Dry Tortuga. En mi viaje con Alex del 2015 no pudimos visitar este parque y me quedé con las ganas… ahora era mi oportunidad.

 

Teníamos que estar a las 7:00 de la mañana en la terminal de ferrys del puerto histórico de Key West. Nos levantamos con tiempo suficiente para ir caminando al punto de encuentro, calculamos unos 20 minutos. La población estaba desierta, estaba amaneciendo y lo único con vida que veíamos por allí eran los gallos cacareando, dichosos gallos, los habíamos estado oyendo durante toda la noche… Key West está lleno de gallos por las calles, sueltos, sin dueño… es el animal típico de aquí, ya lo vimos ayer en las tiendas de souvenirs, tenían muchos objetos cuyo protagonista era un gallo…

 

Recorrimos 9 ó 10 cuadras pequeñas, Key West es como el ensanche de Barcelona, está diseñado por calles verticales y horizontales. Aquí, estas “manzanas” son más pequeñas y están formadas por casas tipo caribeñas, todas de madera, preciosas. Con sus escaleritas y su porche, su techo a dos aguas y sus ventanas tradicionales. La mayoría están muy bien conservadas, pero se ven algunas en ruinas.

 

Nos gustó mucho ver los decorados de navidad de las casas. Choca mucho estar en un destino caluroso celebrando las fiestas navideñas. Las palmeras de las plazas estaban llenas de luces de navidad de colores, aquí no hay pinos, así que se apañan con lo que pueden. Vimos incluso, en alguna tienda, algún Papa Noel en traje de baño.

 

Si quisieras información para hacer la excursión al Parque Nacional Dry Tortugas solo tienes que contactar con nosotros.

Hicimos el check-in para que nos dieran las tarjetas de embarque y esperamos un rato en la terminal. Había bastante gente. Nos dieron una explicación de cómo iba a funcionar la excursión, los horarios y varias instrucciones a tener en cuenta. También indicaciones de seguridad, que nos estuvieron repitiendo durante toda la excursión… me pareció un poco exagerado, estos americanos son muy pesados con todo lo que tiene que ver con la seguridad…

 

Por fin, el ferry levó anclas y nos pusimos en marcha. El trayecto era de unas dos horas hasta Dry Tortugas. El desayuno estaba incluido. Pusieron un buffet que no estaba nada mal, con cereales, yogures, algún bollo, zumos y café. La gente hizo acopio y mientras desayunábamos, nos iban recordando las medidas de seguridad por los altavoces. También empezaron a dar información histórica y cultural sobre el fuerte Jefferson, que íbamos a visitar en Dry Tortuga.

 

Una vez desayunado, salí a proa para ver el paisaje. El ferry iba a una velocidad considerable y navegábamos por un mar relativamente en calma, de un color azul intenso. Se veían dispersados pequeños cayos llenos de vegetación, algún velero y una línea de bollas pequeñas que debía ser los márgenes de la autopista marina que seguía el ferry, estaban durante todo el trayecto…

 

Dry Tortugas es un lugar misterioso y único. Se trata de un conjunto de cayos coralinos ubicados en medio del mar Caribe descubiertos por Ponce de León durante su exploración del Caribe por allá 1513. Geográficamente están más cerca de Cuba (106 millas) que de Miami (170 millas)… El archipiélago se compone de múltiples cayos, la mayoría no son más que atolones coralinos o atolones de manglar, pero hay varios un poco más grandes, los más importantes son Loggerhead Key, donde se encuentra un faro y Long Key, unido a Bush Key por una lengua de arena y donde se encuentra la edificación más misteriosa de todo el Caribe, el Fort Jefferson.

 

Este fuerte es una estructura hexagonal construida entre 1846 y 1875, toda con ladrillos de arcilla, se dice que necesitaron 16 millones de ladrillos...  Se construyó a modo de destacamento militar para proteger el tráfico de barcos mercantes de los ataques de los piratas caribeños. En realidad está inacabado. Su construcción fue un tanto temeraria ya que por aquí los huracanes hacen estragos y tuvieron muchos problemas para que todo quedara en pie. La estructura es de 3 pisos y cuenta con más de 2000 arcadas, formando galerías donde ubicaban los cañones.

 

La vida de los soldados destinados al Fort Jefferson era durísima. No hay agua dulce aquí, tan solo podían recoger agua potable cuando llovía, así que tampoco podían cultivar nada fresco. El escorbuto hizo estragos entre los habitantes de este fuerte… 

 

El Fort Jefferson fue utilizado durante la Guerra de Secesión como prisión. Uno de los convictos más famosos fue el Dr. Samuel Mudd, del cual muestran su celda. Este personaje fue culpado de conspiración en el asesinato del presidente Abraham Lincoln. Hay mil historias que contar de este lugar, todas tremendas que tienen que ver con penurias y batallas… para rellenar un buen libro de aventuras, sin duda.

Estábamos llegando a Dry Tortugas, de pronto, vimos en el horizonte una masa que sobresalía del mar, era el fuerte Jefferson. A medida que nos íbamos acercando al fuerte, éste se iba haciendo más grande y se mostraba más poderoso, erguido sobre sus 16 millones de ladrillos. Me emocionaba verlo, rodeado de aquel mar color turquesa, habíamos llegado al escenario de una realidad de película. Un lugar semi desconocido donde se podía sentir el murmullo de los soldados que habían vivido y perecido allí.

 

El ferry atracó en el muelle, justo en frente de la puerta de entrada del fuerte. Al mismo momento, llegaba un hidroavión, que aterrizó en el mar, cerca de nuestro barco. Vino navegando lentamente hasta aparcar delante nuestro. Esta excursión también se puede hacer en avioneta desde Key West, pero es el doble de cara… Claro que se llega mucho más rápido y además el sobrevuelo es espectacular. Tengo entendido que durante el trayecto se pueden ver varios galeones españoles hundidos e incluso algunas siluetas de tiburones…

 

Bajamos del ferry y fuimos a coger el material necesario para hacer un poco de snorkel. Pili y los niños querían ir a la playa, pero yo tenía mucho interés en visitar el fuerte por dentro, así que me desmarqué y quedamos en vernos al cabo de un rato.

 

Me metí en el Fuerte Jefferson. Había una visita guiada incluida, pero era en inglés y con la mayoría de gente del ferry. Yo quise visitarlo por mi cuenta, así que me separé del grupo y empecé a explorar todo aquello solo, me parecía fantástico. Me metí por todas las galerías y todos los pisos imaginándome el ambiente que debía vivirse aquí hace 200 años. Vi el horno donde calentaban las balas de los cañones para que además de destruir, también incendiasen los barcos piratas. También las celdas y las diferentes estancias de los soldados. Las vistas desde lo alto de la fortificación eran increíbles, mar caribe allá donde mirases, colores turquesa, esmeralda, azul intenso, una mezcla maravillosa. Todo el fuerte está rodeado de un foso con agua estancada, pero en algunas zonas este foso se ha erosionado y el agua del mar entra en el recinto.

 

Y la playa, un atolón de arena coralina de un blanco intensísimo… solo recuerdo esta mezcla de colores en Los Roques de Venezuela. Qué maravilla de sitio estábamos visitando y qué remoto!!.

 

Tuve una sensación de euforia por estar en este sitio, estaba emocionado… Bajé a la playa para reunirme con mi familia. Al salir del fuerte vi que los del ferry habían montado un picnic y cogí varias cosas para picar y unas bebidas fresquitas para todos.

Estuvimos en aquel paraíso terrenal varias horas. Pili y Lucia tomando el sol, sin duda para llegar a Barcelona morenitas y así presumir de sus vacaciones navideñas en el Caribe… Maxi y yo nos fuimos a investigar por el cayo. Recorrimos la playa casi hasta el final, íbamos encontrando conchas enormes, trozos de coral que se erosionaban y formaban la arena blanca, pechinas, etc. Mientras nos íbamos pasando la pelota mini de futbol americano y remojándonos.

 

Yo me puse también las gafas, el tubo y los patos y estuve un rato haciendo snorkel. El fondo, como en todas las playas coralinas, estaba turbio. La arena es tan fina, que cualquier movimiento del agua la remueve. Había también praderas de algas y muchos pececitos pequeños. No ví nada extraordinario, pero seguro que todo esto debe estar infestado de una rica fauna marina.

Pili fue a buscar la comida, que también estaba incluida, e hicimos un picnic en la misma playa. Estábamos solos, la mayoría de la gente se había quedado en el ferry o se habían ido a otras zonas del cayo. Nosotros estábamos en un lugar privilegiado y hermoso y lo estábamos disfrutando a tope.

 

Llegó la hora de irse, nos hubiéramos quedado allí varios días, de hecho, es posible hacerlo. Hay una empresa que te proporciona material de acampada para una estancia máxima de 2 noches. Ahí dejo ideas para una futura aventura…

Antes de embarcar, acompañé en una visita rápida a Pili y los niños, que todavía no habían visto por dentro el fuerte. Subimos arriba, por la parte donde está el faro negro de metal (el de ladrillo quedaba hecho trizas cada vez que pasaba por aquí un huracán…) y vieron las vistas del cayo desde lo alto, así como el interior del fuerte. Les enseñé también las galerías y la celda del Dr. Mudd.

El ferry zarpó de regreso a Key West, me despedí “hasta pronto” de este sitio tan especial. El trayecto de regreso era también de un par de horas. La gente estaba reventada de tanto sol, así que casi todo el mundo estaba medio dormido, apoyado en las mesas o estirados en las butacas. Por megafonía seguían dando instrucciones de seguridad, ya no las escuchaba nadie… El personal del ferry pasó vendiendo boletos para la rifa de productos de merchandising de la empresa organizadora de la excursión. También invitaban a los pasajeros a subir fotos a su Instagram para hacer un concurso. El premio eran tickets gratuitos para hacer de nuevo esta excursión, que injusto, los europeos no podemos disfrutar de eso tan fácilmente…

 

Salí varias veces a proa para ver el paisaje. En una de las ocasiones, ví varios delfines. No hubo suerte cuando estaba con Lucia y Maxi, pero no importa porque ellos han visto muchos delfines con el Bandarra de su tío Kike.

 

Estábamos llegando a Key West. La llegada es interesante porque ves la población desde otra perspectiva. En esta ocasión, como estábamos llegando a la puesta de sol, vimos que todo el frontal que daba al mar estaba abarrotado de gente. Dicen que la puesta de sol de Mallory Square es de las más bonitas de todo Norteamérica y cada día se reúnen allí miles de turistas para ver cómo se esconde el sol. Es típico también ver esta puesta de sol desde el mar. Muchos pequeños barquitos, a motor y veleros salen a despedir el sol cada día, es una de las actividades típicas de Key West.

 

Nuestro ferry atracó cuando el sol ya estaba muy bajo. Corrimos un poco para verlo desde Mallory Square, pero había tanta gente, que no se cabía, así que vimos el espectáculo con mucha gente de por medio… la plaza estaba llena de artistas callejeros y estuvimos un rato viendo algún espectáculo, a los niños les encantan.

Ya de regreso a casa, vimos la casa conocida como “Little White House”, se trata de la casa donde el presidente Harry S Truman pasaba aquí los inviernos, para huir del frío de Washington DC. Una casa enorme y de estilo caribeño que otorga pedigrí a Key West.

 

Recorrimos las calles Whitehead y Thomas de regreso a nuestro hotelito. Estábamos cansados, nos habíamos levantado muy pronto y habíamos estado todo el día bajo el sol. Decidimos darnos un baño en la piscina y dormir una siesta en nuestra confortable habitación caribeña. Cuando nos despertamos, nos vestimos y salimos en busca de algún sitio para cenar.

 

Sonaba en la casa de Hemingway una música estilo salsa que cacé con Shazam, era “Suavemente” de Elvis Crespo. El ritmo de la salsa es para mi, irresistible, me puse a bailar en medio de la calle sin importarme la gente… mis hijos y Pili alucinaron ya que no soy una persona que se arranque a bailar habitualmente, es más, me cuesta bailar, pero cuando me pongo, lo hago hasta bien… Aquella música me recordó a uno de mis viajes a Cuba, en mi juventud. Un viaje lleno de música, baile y juerga.

 

Se ve que utilizan la casa de Hemingway para hacer fiestas privadas y celebraciones, por eso se oía música en el jardín.

Estuvimos paseando tranquilamente por la calle Durval y buscando algún sitio donde cenar. Nos costó bastante, nos apetecía pasta, pero no hay ningún restaurante italiano por aquí, aviso a emprendedores, aquí hay una buena oportunidad!. Finalmente nos metimos en un restaurante de carnes, donde las raciones eran enormes y acabamos, por lo menos yo, empachado de “pulled pork”. Esa noche nos fuimos a dormir amenazando de muerte a algún gallo que vimos por allí suelto, con pinta de cacarear antes de hora…

 

El día había sido maravilloso…, fui a revisar que nuestro Ford Mustang estuviera en su sitio, bien aparcado y a salvo, y de paso a darle un besito de buenas noches.

Día 10. De Key West a Miami a través de los cayos de Florida

Esta mañana nos levantamos sin prisas, nos despertó la luz del sol que se colaba por las persianas de nuestra habitación. Nos vestimos y bajamos a desayunar al jardín. Habían montado las mesas alrededor de la piscina para tomar el desayuno. Fue muy agradable.

 

Esta mañana fuimos a visitar la casa de Ernst Hemigway. Como os he comentado anteriormente, la teníamos justo delante de nuestro hotel. Entramos a la hora punta, estaba abarrotado de gente y hacía mucho calor. La casa de Hemingway es una mansión de estilo español, con grandes galerías abiertas, un precioso jardín y una piscina espectacular, parece ser que fue la primera de Key West. Hemigway era un gran amante de las piscinas, como yo, y no podía vivir en un lugar tan caluroso sin poder darse un remojón. Dentro se conservan las diferentes estancias con el mobiliario original y la decoración que supuestamente tenía el nobel escritor. Así, pudimos visitar la sala de estar, la cocina, los baños, los dormitorios y el estudio de Hemingway, donde escribía. La vida de este personaje fue apasionante; fue reportero de guerra y viajó por todo el mundo. Le gustaba mucho Africa, era un gran aficionado a la caza y la pesca. También tenía debilidad por España y sus costumbres. En Pamplona hay una estatua suya ya que dio a conocer universalmente la fiesta de los San Fermines mediante sus novelas.

Una de las cosas curiosas de esta casa, es que está llena de gatos. Cuentan que a Hemingway le encantaban los mininos y que tenía varios ejemplares, uno de ellos con 6 dedos. Dicen que los que se pueden ver hoy en día merodear libremente por la casa son descendientes de los que tenía Hemingway. Mucha gente los mira para ver si hay alguno con 6 dedos…

 

Finalizada la visita, nos despedimos de Key West tomando un gran helado, aquí hay muy buenas heladerías. Con un gallo rondando nuestra mesa… estuvimos a punto de darle una patada!

Llenamos el coche con nuestras maletas y nos pusimos en marcha de regreso a Miami. Teníamos todo el día por delante. Pensé en hacer una paradita en una playa muy bonita que había conocido durante el viaje con Alex. Estaba en Bahia Honda State Park. Aquí casi todas las playas están en la vertiente Atlántica y son de pago. La vertiente Golfo de México es casi toda de manglares.

 

Entramos al parque y buscamos un bonito rincón donde relajarnos un rato. Este parque destaca por las vistas que tiene a un tramo de la antigua vía férrea abandonado y cortado. Las vistas son impresionantes y apocalípticas. Mientras Pili y Lucía tomaban el sol, Maxi y yo nos estuvimos pasando la pelota de futbol americano y haciendo paradones lanzándonos al agua. Mi hijo es un loco de cualquier deporte y no puede estarse quieto si tiene una pelota entre las manos. Pasamos un buen rato en aquella playita. 

Continuamos nuestro viaje. Esa tarde había tránsito, pero no tanto como el día que bajamos a Key West, así que la carretera, a ratos, estaba vacía. Aproveché varias ocasiones para apretar y probar la potencia del Ford Mustang, fue impresionante… lo hice con prudencia, pero hasta Pili y los niños quedaron impresionados del poderoso aparato que teníamos entre manos…

 

Llegamos a Miami a una hora decente. Fuimos directamente al aeropuerto para devolver nuestro precioso Ford Mustang y recoger las maletas grandes. Llamamos a un UBER para que nos llevara al hotel. El conductor era otro cubano exiliado en Miami.

 

Nos alojamos en la misma zona que habíamos estado hacía 2 días, en el Bayside. Aprovechamos para darnos una vuelta por el centro comercial que hay justo delante, en el puerto de Miami. Entramos en una tienda de chucherías al por mayor. Lucia y Maxi se volvieron locos!. Compramos “mierdecillas varias” para regalar a toda la familia; Reese’s, Swedish Fish, Sour Patch, Neerd’s, Rise Crispies, Pop Tarts, Lucky Charms, Oreos de colorines, etc. Todo muy sano…

 

En este centro comercial había una tienda de deportes que tenía expuestos 6 modelos diferentes de Nike Air Jordan, ahora lamento no haberme agenciado unas… que joyas más preciadas para los amantes del baloncesto!. Esa noche quisimos cenar en el Bubba Gump, el restaurante temático de Forrest Gump, pero ya cerraban y no nos dejaron entrar. Nos tocó cenar de nuevo macarrones con cheddar en la habitación del hotel. 

Día 11. Miami, excursión "casa de los famosos" y vuelo internacional de regreso a Barcelona

Hoy era nuestro último día en Estados Unidos. Nuestro vuelo salía a las 17:00 horas, así que aún podíamos hacer algo por aquí. Había comprado tickets para hacer la excursión en barco para ver las “casas de los famosos”. Desayunamos en el hotel, dejamos las maletas en recepción y nos presentamos a las 11:00 en el muelle del puerto, donde estaba el ferry que opera esta actividad.

 

Esta excursión parece un poco “frívola”, pero en realidad es muy interesante. El barco da un paseo de un par de horas por la bahía de Miami, obteniendo así vistas de diferentes perspectivas de la ciudad y ayudando a entender un poco como está organizada aquella mega ciudad, por lo menos de la parte marítima. Durante el trayecto se puede ver también la terminal de cruceros, la más grande del mundo. En esos momentos estaban allí atracados 6 mega cruceros uno de los cuales, no recuerdo el nombre, de la compañía Royal Caribbean, era el segundo más grande del mundo.

 

En cuanto a las casas de los famosos, el barco se va paseando a poca distancia de Hibiscus Island y Palm Island Park, donde se sitúan la mayoría de las casas de las celebridades. Por megafonía van señalando las casas de algunos famosos, por ejemplo; Paulina Rubio, Alejandro Sanz, Julio Iglesias, Enrique Iglesias, Shakira, Shaquile O’Neil, Chayanne, Gloria Estefan, la casa del doctor que inventó la Viagra, y muchos más que ahora no recuerdo. La mayoría son casas espectaculares, de estilos muy diferentes, algunas más moderno otras más clásicas, pero todas fantásticas, con su jardín con su piscina, y su muelle para poder salir de allí.

 

La excursión se terminaba, el último tramo que recorre el barco tiene unas espectaculares vistas del skyline de la ciudad, fue una buena foto de despedida. Nuestro viaje también llegaba a su fin.

Regresamos al hotel y pedimos nuevamente un UBER. En esta ocasión, nos llevó Ramón, otro cubano afincado en Miami que hacía horas extras como taxista para poder sobrevivir. Nos explicó un poco su vida aquí en los Estados Unidos, estaba orgulloso de haber podido salir adelante y de su integración en la sociedad americana, pero también hablaba con nostalgia de su madre patria, una isla, Cuba, a la cual nunca volverá porque él ya se sentía americano.

 

Nuestro vuelo de regreso fue de nuevo con la Tap portuguesa. Era un vuelo nocturno, pero nos interesaba aguantar al máximo el sueño para reengancharnos al huso horario europeo cuanto antes… El vuelo transoceánico fue perfecto, nos tragamos un montón de películas y echamos alguna siestecita. Esa noche era la noche de Reyes, la noche más especial del año. En esa ocasión la pasamos volando, cerca de las estrellas…

 

Este año 2019 había sido espectacular. Ya había estado de viaje por Kenia con mis hermanos, en la Provença francesa con toda mi familia y en Viena con mi mujer. Que afortunado soy de poder celebrar mis 50 años haciendo lo que más me gusta... viajar!

Día 12. Llegada a Barcelona

Tuvimos que hacer un par de horas de conexión en Lisboa. El vuelo se retrasó un poco, pero llegamos a Barcelona sanos y salvos, el día de Reyes. Descansamos un poco en casa, nos duchamos y nos fuimos a casa de mis padres a celebrar el día de los Reyes Magos. Nuestro viaje por Florida había concluido. Lo habíamos pasado genial, habíamos visto cosas preciosas y habíamos hecho un montón de actividades. Espero que este viaje se haya grabado en la memoria de mis hijos y forme ya, patrimonio de su mochila vital.

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